miércoles, 15 de mayo de 2013


UNA TARDE CUALQUIERA EN JESUITAS


Era una tarde de Mayo. Me aburría como una ostra en casa y decidí salir a dar un paseo por la plaza 1º de Mayo. Mis pasos sin darme cuenta me llevaron hasta el colegio de los Jesuitas y decidí entrar a ver a esos chavales, que igual que hacía hace ya más de 10 años, estaban en el patio entrenando con su balón de fútbol. Nada más entrar reviví aquel pasado tan maravilloso; sonaba la sirena y recogíamos rápido el pupitre con los libros porque esa tarde teníamos fútbol, bajábamos las escaleras casi sin tocarlas y acudíamos veloces al campo de entrenamiento, ya estábamos listos.
 Cuando mi mente se encontraba 10 años atrás, una voz me despertó: “Buenas tardes Javi”, era el Hermano Benito. Nada más verme se acercó a mi; me tenía mucho aprecio. Éramos amigos, siempre lo fuimos. Juntos comenzamos nuestro paseo acompañados por una buena charla de fútbol, de esas que le gustaban al Hermano Benito. Casi siempre hablábamos de Butragueño. Decía que yo jugaba igual que él, que le recordaba mucho al “buitre” y me explicaba una y otra vez cómo me tenía que desmarcar y cómo tenía que engañar al portero para regatearlo y marcar gol. Durante todo el paseo por los distintos campos me interrumpía una y otra vez para decirme:“mira ese chaval remata de cabeza como Santillana”, “aquel rubito pequeño tiene una zurda muy buena”, “ese bajito es muy peleón, le falta técnica pero muerde” “a ese otro no le gusta el fútbol, no disfruta, tiene que correr más”; conocía a todos los chavales a la perfección, a todos los había sacado de sus aulas para apuntarse a fútbol, nos íbamos acercando a los entrenadores y el Hermano Benito les corregía “dile a ese niño que no le de con la puntera, en este club siempre le damos con el interior”. Poco a poco nuestro paseo nos llevó al último campo, era el campo verde, ese en el que todos queríamos entrenar y en el que jugábamos lo sábados por la mañana. Yo creo que ese campo siempre tendrá algo especial para los que hemos jugado allí sábado tras sábado; el Hermano Benito se acercó al entrenador y le dijo: “mañana juegas un partido muy difícil, diles a los niños que se comporten, que tengan educación y se diviertan jugando !! ah¡¡ y no se te olvide lo más importante, hay que ganar.
 El Hermano Benito siempre quería ganar. Si el Loyola no ganaba el partido se enfadaba mucho y se lo decía al entrenador. Era ante todo sincero, pero si los jugadores se comportaban mal en el terreno de juego se enfadaba aún más y entonces sí que se ponía serio y les cantaba las cuarenta a los entrenadores. No soportaba a los maleducados y siempre les decía: “en este club somos gente educada y ganadora, el que no cumpla esto ya sabe donde tiene la puerta”. Una vez terminado el siempre agradable paseo con el Hermano Benito nos despedimos: “suerte para el partido de mañana Javi, el lunes te leeré en el periódico a ver si has marcado gol”. No sólo controlaba a sus niños sino que leía todos los periódicos para ver como seguían progresando todos los jugadores que habían pasado por la cantera azul, desde la 1º División hasta la 3º.
Desde hace tiempo echamos de menos la compañía del Hermano Benito, pero desde el club queremos recoger su testigo, su filosofía, su ilusión y lucharemos por conseguir equipos educados y ganadores como quería el Hermano Benito, y cada éxito deportivo que tengamos estará dedicado a la persona más importante que ha pasado por este club : EL HERMANO BENITO.