Así empezó todo, así conocí al Robe y a sus colegas, en un coche dirección Alfaro hace ya casi 20 años. Esa canción la puse una y otra vez antes de cada partido mientras me vestía, durante un mes mi radiocassette solo conoció esa cinta. Una TDK de 90´ con el dibujo de un monito en el lateral y la palabra PEDRÁ.
Año 2014, vestido de calle, vaqueros y camiseta oscura. Mi amigo Jorge y el Rula con semejante indumentaria. 33 años recién cumplidos y viajando dirección Alfaro pero para llegar hasta Zaragoza. Esta vez no hay partido de fútbol, hay un concierto de Extremoduro, ese grupo que hizo una canción de 30 minutos.
En mañolandia nos espera nuestro amigo Álvaro, "el maño", nos recibe como dios manda con unas cervecitas AMBAR en su casa, dejamos la mochila y directos al bar más cercano para echar la partida. Cartas y pitas manufacturadas acompañadas de unas cañitas para matar el rato y hacer más amena la espera del concierto. Sobre el tapete envites, bromas y muchas risas, somos hombres de pueblo y de costumbres. Tras dejar el garito con el barril de cerveza temblando es momento de reclutar a un nuevo miembro para el grupo, "el Rambo" ha salido del curro y hay que ir a buscarlo con unas pizzas y un omeprazol (reiros, reiros). Sin terminar la cena y nuestra primera copichuela ya tenemos al taxi bajo la puerta con el contador encendido. Nos ponemos la indumentaria necesaria y camino del terreno de juego.
El palacio de los deportes nos esperaba con un lleno hasta la bandera y con mucha ilusión por parte de todos los allí presentes por tratarse del primer concierto de la gira. Tras 45 min de espera un contenedor desciende desde lo alto mientras suenan las guitarras de Extremo. El concierto comienza y durante casi 3 horas nos hace sumergirnos en años y años de rock and roll. Robe y Uoho con un saber estar sobre el escenario sobrellevado por los años. El público entregado. Por la cabeza se me pasan un montón de personas y de momentos relacionados con Extremo, con los años unos se va haciendo más sentimental. El concierto nos llena plenamente, se ve en las caras de mis compañeros de viaje. Sudados y embriagados. Inolvidable. Repetiremos seguro.
El resto de la noche y el día siguiente os lo podéis imaginar.
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